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Tozeur, Chebika y Nefta.

Nos levantamos a las 7 para desayunar muesli, yogurt, dátiles y un crepe de chocolate. Salimos en tres 4×4 dirección Chebika. Después de una hora de anticipo de desierto llegamos a lo que Dorra llama el desierto de montaña.

chebika

Chebika se encuentra al pie de una cordillera y constituye uno de los muchos oasis que hay por la zona. Tras pasar el antiguo pueblo abandonado y repleto de chiringuitos turísticos se accede a un sendero que asciende brevemente por la montaña. Después desciende hasta una fuente de agua a partir de la cual se forma un arroyo que alimenta pozas, pequeñas cascadas y numerosas palmeras. El recorrido por el oasis es fresco y agradable. Durante todo el trayecto hay vendedores de rosas del desierto y todo tipo de minerales cristalizados.

gran cascada

Tras el paseito nos dirigimos a otro pequeño oasis, llamado la Gran Cascada, a unos 15 Km. Esta vez solo está poblado por los chiringuitos para turistas y las inevitables rosas del desierto, donde compro una de unos 15 cm de diametro por 1 dinar.

chott el-gharsa

Ahora toca sacarle el partido a los 4×4. Nos adentramos en la zona de Jerid, entre Chott el Gharsa y Chott el-Jerid, los dos grandes lagos interiores. Bordeamos el lago por caminos más o menos abollados. El conductor nos hace alguna demostración de las facultades de montaña rusa del todoterreno.

chott el-gharsa

Tras una hora de traqueteo se llega a una zona de dunas al norte de Nefta, cerca de la frontera con Argelia, donde nos espera un decorado de ‘La guerra de las Galaxias’.

la guerra de las galaxias

Rodeado de grandes dunas el sitio es bastante surrealista, aunando cartón piedra y los omnipresentes vendedores de rosas del desierto y demás avalorios. De vuelta al hotel para la comida vemos rebaños de dromedarios y nómadas del desierto.

La tarde empieza con una visita a una terraza panorámica desde donde se ve el oasis natural y la piscina de Nefta, enmarcados en un barranco. Después de comprar algunas rosas del desierto nos dirigimos al pueblo, que sin duda es el mejor sitio para estas rosas más barato. Esto puede ser debido a que las rosas se forman en los lagos salados, como Chott el-Jerid, que limita con Nefta.

Un guía local nos lleva por varias callejuelas para ver la arquitectura local, a base de ladrillo amarillo macizo, que conserva frescas las casas, y madera de palmera. También nos muestra el palmeral, bastante fresco y verde, y cómo suben y bajan de las palmeras para recoger los dátiles, mantenerlas o extraer el jugo de la palma. Probamos palmito, dátiles frescos de la variedad ‘dedos de luz’, bebemos un poco de jugo de palma, muy dulce, y fumamos una pequeña pipa de hoja de palmera picada.

fumando la palma

Aquí hay que detenerse a admirar la presteza de la señora de 82 años que se pone a fumar por primera vez, dejando vencer a la curiosidad rejuvenecedora.

Tras la visita guiada tenemos una horita libre que Ixo y yo dedicamos para patear más calles de Nefta. Algunas de ellas desvencijadas y apaleadas y otras bien mantenidas y conformadas por bonitas casas del ladrillo típico de la zona. La gente, muy amable, saluda y los niños también, aunque luego se rian a tus espaldas, los muy pillines.

nefta

Tras la visita a Nefta volvemos a Tozeur para dar una vuelta por el pueblo. Repleto de tiendas de las artesanias de siempre nos alejamos hacia la zona de la estación de autobuses. Buscamos una tetera de metal dorado, como la que tenía Oier, para regalarle una y otra para nosotros. Después de una hora de búsqueda desistimos.

De vuelta al hotel, cena y visita al museo Dar Charid, contiguo al hotel. Montajes de escenas cotidianas con figuras de tamaño real y objetos de todo tipo. Lo mejor la colección de armas y las joyas, anque algunos jarrones de 2 metros de altura no están nada mal.

 

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