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Timisoara II y adiós Rumanía

Hoy martes 4 nos levantamos tranquilamente, después de haber dormido como troncos. Escribimos los diarios y más tarde saldremos a desayunar. Nos sentamos en la misma terraza que el día anterior. Comemos unos creps de chocolate y nueces y otros de mascarpone, además de un trozo de tarta de chocolate y cafés. Todo muy rico, una pena que la camarera sea tan seca, rayando lo borde, como es habitual en Rumanía.

Timisoara

Hace un buen día y paseamos por todo el centro urbano, centrándonos sobre todo en la amplia plaza Unirii. Es amplia y hermosa, rodeada de edificios barrocos pintados de colores vivos, algunos de ellos un poco destartalados pero con mucho encanto. Hay muchas terrazas, algún escenario y tiene pinta de ser muy animada por las noches.

Timisoara, unirii

Entramos en el museo de Arte que está en la plaza. Hay una exposición de iconos de los siglos XVI al XVII de diversas procedencias. Algunos son muy preciosistas, con acabados muy elaborados. Se conservan bien y el museo, reformado, parece reunir todas las buenas condiciones de un museo de primer orden. Hay también una exposición de arte contemporáneo de artista rumanos de los 70 y 80 que no nos gusta mucho. También pintura europea de los siglos XV al XIX y una exposición de artes decorativas. Pero lo que más nos gusta es una retrospectiva de Corneliu Baba.

Longevo pintor rumano que vivió, creo recordar de 1906 a 1997. Hay autorretratos prometedores desde los 13 años del pintor. A través de varios autorretratos se puede ver su evolución física y artística. Tiene una primera fase de algo parecido al realismo soviético, con escenas costumbristas del pueblo trabajador. También tiene una vertiente de retratista que mantiene durante toda su vida y que evoluciona con su estilo. Pero sin duda lo más interesante es su obra dedicada a retratar grupos de personas apiñadas, en medio de la nada y asustadas o incluso presas del pánico. Son pinturas de un claro carácter existencialista en el que los rostros de las personas se desfiguran y emborronan. Esta línea existencialista y posiblemente de crítica social a la realidad política de su país en los 70 y 80, se manifiesta también en los cuadros de personajes aislados. Estos personajes, también en un espacio indefinido sin fondo, parecen dementes o locos que gatean, se arrastran e incluso parecen babear.

Un gran pintor que recoge la tradición del mejor Velazquez y Goya, con matices expresionistas y que me recuerda bastante a Bacon. Sus óleos tienen la factura y el acabado de intensos y largos procesos de pintar, repletos de arrebato, azar y saber hacer. No se los detalles de su vida, pero envidio el entusiasmo con el que parece que trabajó durante tantos años.

Después de esta dosis de buena pintura seguimos paseando y nos tomamos un par de granizados en la placita Libertatii.

Timisoara, libertatii

Más tarde visitamos la gran catedral ortodoxa que preside la plaza Victoriei. Y abandonamos Timisoara, nuestra última visita rumana, encantados con ella. Una ciudad próspera y que fue uno de los orígenes de las revueltas del 89.

Timisoara, Victoriei

Nos dirigimos a Sannicolau Mare, desde donde abandonamos el país por la frontera de Cenad. Antes paramos a comer unos spaguetis con tomate.

Ya en Hungría pasamos por Szeged dirección a Budapest bajo una intensa lluvia y bastante frío. A 20 km de Budapest paramos a dormir en una estación de servicio. Terminamos de jugar una partida al chinchón que le gano a Ixone, como siempre.

 

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