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Monasterios de Bucovina

Hoy domingo 26 nos toca ver los monasterios de Bucovina. Según subimos y bajamos al puerto de Pascanu visitamos el primero, el de Moldovita. Están celebrando una misa y no podemos acceder al interior. Pero los frescos de las fachadas exteriores son realmente bonitos.

Moldovita

Hay una sala, en un edificio cercano, donde se exponen unos objetos religiosos. A destacar unos iconos sobre madera y unos manuscritos con una caligrafía exquisita. Compramos unos huevos decorados.

Sucevita

El siguiente monasterio, el de Sucevita, es todavía más turístico que el anterior. Hay turistas pero también muchos fieles que van a visitar los iconos religiosos del interior con devoción. La iglesia está en un recinto amurallado, en un cuidado y floreado jardín. Los frescos exteriores son menos atrayentes que los de Moldovita, sin embargo los interiores son muy hermosos, ricos y variados. Sin duda dan un aspecto al interior, con toda su superficie decorada, muy diferente a las iglesias católico romanas. El ambiente tenebroso y místico me retrotrae a Ormylia.

Los coches fantasticos

A la salida del convento vemos un acto curioso. El barbudo cura, pope, junto a varios acólitos bendice dos coches, con los capós abiertos, ahuyentando a los malos espíritus mecánicos, supongo.

Después de la visita vamos hasta Radauti a ver si conseguimos comer en algún restaurante. Después de unas compras en un super (¿un domingo?) y varias vueltas e intentos fallidos desistimos. Los pocos restaurantes que hemos visto o están llenos o hay que reservar o no se sabe que hay que hacer para comer. Seguiremos intentándolo otro día.

Cogemos una carretera de grava para atajar hacia el monasterio de Arbore. Muy bonita carretera por un paisaje bello de praderas y colinas verdes, en un ambiente muy rural. También hay un campamento muy pobre de gitanos al lado de un río. Vemos el monasterio de Arbore, que está en muy mal estado, aunque en proceso de restauración. Los murales exteriores prácticamente han desaparecido. Al salir les regalamos unas chocolatinas a unos niños que piden dinero. Me he acordado de la señora tan maja que nos pidió chocolate al comenzar nuestra excursión por el valle de Iza, ayer.
Después del convento y justo antes de entrar en Solca paramos al lado de un pozo de piedra para comer, descansar y escribir los diarios bajo una insistente lluvia.

Después de comer hemos visitado el monasterio de Humorului, que prácticamente estaba vacío. Hemos vuelto a disfrutar de ambientes místicos en el interior de su iglesia. Delicados y hermosos frescos en perfecta armonía con la arquitectura interior, sencilla pero bella. Tres salas que se comunican por puertecitas esculpidas en piedra y gastadas por los siglos. En la última sala un viejísimo retablo en proceso de restauración.

Interior biserica

Alguna monja viene y va por las salas o desaparece al fondo. Otra realiza mecánicos rituales y actos de devoción enfrente de unos iconos y reliquias. La obra de arte es venerada como si fuese el mismísimos Dios, toda una satisfacción para el autor, me imagino. Una monja comienza a rezar mientras suenan las campanas al mismo tiempo que el Pope aparece por una puertecilla y frente al retablo comienza también a rezar. Vaya ambiente, se te ponen los pelos de punta. Qué vidas más diferentes a la mía.

En fin, subimos a una torre fortificada para ver desde lo alto la iglesia y el jardín en el que se encuentran. Al volver hacia Gura Humorului paramos en este hotelito-pensión, Casa Lucía. Es muy acogedor y limpio. Parece que vive aquí la familia y alquila habitaciones. Una ducha caliente es un verdadero placer después de tantos días de higiene fluctuante. Nos preparan una cena casera a base de un potaje de alubias con costillas acompañado por pepinillos en salmuera. De postre unas bolitas de una pasta con moras sobre una crema que parece leche agria o yogurt pero con sabor dulce. Como aperitivo nos tomamos un licor que parece hecho de guindas muy pequeñas.

Terraza casa Lucia

Mientras escribo el diario en la terraza intento que no quede ni una.

 

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