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Zadar, Sibenik

Me levanto y doy un paseito hasta Pag para comprar pan y croissants rellenos. Alejándonos de Pag paramos para desayunar. Ixo se ducha. Nos acercamos hasta Pouljana, otro pueblecito tranquilo con algunos turistas. Nos vamos saliendo de la isla, siempre acompañados de estupendas vistas.

En Zadar nos encontramos con bastante tráfico pero conseguimos aparcar al lado de la muralla, en la entrada al coqueto y ordenado mercado.

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Compro unas uvas negras que me comeré más tarde, sentado en una plaza llena de turistas. Callejeamos por las brillantes y pulidas calles empedradas, procurando ir por la sombra. Muy bonitas estas calles y también las vistas desde la torre campanario a la que subimos previo pago de 10 Kunas. Hacemos compras para cocinar un cuscus con cordero que finalmente será ternera, pese a haber balado delante de la carnicera.

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Dejamos la bonita Zadar para buscar un rinconcito donde bañarnos y comer. Lo encontramos al lado de Pirovac, al borde de una carretera semiabandonada y salpicada de veraneantes. Baño, comida, siesta y baño.

pirovac

Seguimos camino y no muy convencidos acabamos parando en Sibenik, después de un duro esfuerzo por conseguir monedas para el parking. El esfuerzo incluye la visita a un oscuro garito de tragaperras donde me cambian a billetes pequeños. Sibenik resulta ser una agradable sorpresa. La guía de LonelyPlanet solo destaca su catedral, pero todo el casco antiguo es una maravilla. Callejuelas medievales, empedradas, rinconcitos pintorescos por doquier y estiradas y nobles casas de piedra. Alguna fachada me recuerda a Siena. En el paseo marítimo vemos un par de superyates de lujo y una familia que desembarca y se mezcla entre los ‘vulgares’ turistas. Vaya ricachones.

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La plaza de la catedral es magnífica, es un rinconcito de los que perduran en la memoria. Nos ha gustado tanto Sibenik que nos quedamos un rato largo y también cenamos fuera. Un par de hamburguesas, 2 aguas y 2 pivo Karlovacko por 81 Kunas en una terrazita en una plazita. Nos vamos a buscar un sitio para dormir. Tras varias vueltas nos quedamos al borde de un puertecito en una zona residencial en Brodarica.

 

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