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Cahuita III

30-08-2006. Miércoles. 9:12 AM. Spencer´s Seaside, Cahuita.

Han sido dos días de relajo y placer. Ayer por la noche todavía pensábamos si quedarnos otro día más. Se está muy a gusto y ahora por la mañana estamos sacándole el último jugo a este sitio tan relajante.

El pequeño embarcadero del Spencer´s Seaside en Cahuita

El lunes 28 desayunamos en el café del parquecito un sandwich y una omelette de bacon y cebolla, nos esperaba un día duro. Queríamos ir a Puerto Viejo a comprar un libro y alguna cosilla más. Alquilamos unas bicis por 5 $ en Mister Big J. Para frenar estas bicis hay que pedalear en sentido contrario. Los 18 kms que nos separan de P.V. los hicimos en una hora. El último tercio del tramo, sin asfaltar, fue el más duro, por los baches y continuos saltitos. Nuestro culo sufrió de lo lindo. Durante el camino casas pobres de madera y techo de onduline metalizado y oxidado, con sonrientes gentes que te saludan al pasar. Por la carretera gente de todo tipo: colegiales, madres jovencísimas, indígenas en bici, rastas cochambrosos y delgadísimos …. Una vez en PV constato que es imposible comprar un libro en castellano en toda esta zona. Más tarde cogeré prestado en el hotel uno de Mario Benedetti, ‘La tregua’, desesperanzador diario que acabo de devolver al estilizado recepcionista. Tras una rápida vuelta por el pueblo y ver la famosa ‘Salsa Brava’ (hoy no tan brava) nos volvemos por miedo a que empiece a hacer demasiado calor. Y así es. Esta vez tardamos 2 sudadas horas, con parada en soda incluida. Llegamos derrotados por el esfuerzo bajo un sol abrasador y por nuestros doloridos culos.

Una calle de Cahuita

Ese día comimos pasta al coco y un casado con pargo. Casi hemos estado ya en todos los restaurantes y sodas de Cahuita. Más tarde nos vamos a la Playa Negra, al norte del pueblo. Nos damos un buen baño, con guerra de arena sobre las piernas. Devolvemos las bicis y desde las hamacas del Spencer´s nos arrullamos con la puesta de sol. El atlético tiburón que lleva a los turistas en barca ha hecho una hoguera en el pequeño malecón del jardín. Los niños se tiran al agua y juegan a aguantar la venida de las olas, abrazados en grupo sobre los escollos. Más tarde cenaremos pasta con marisco y con camarones. Después de una ácida caipirinha en el Coco´s Bar a dormir.

Ayer. Martes 29, volvimos a Punta Cahuita a bucear, esta vez con dos equipos. No llevamos nada, solo las gafas, una toalla y una bolsa de piña comprada a la entrada del parque.

Una playa en Punta Cahuita

Nos dimos cuenta de que la mejor forma para andar por la selva es ir descalzo. Es mucho más agradable, el suelo es blandito, a veces con barro y otras arenoso por la proximidad del mar. Eso si, cuidado de no pisar las hormigas, que pican bravo. Según llegamos a Punta Cahuita me como una jugosa rodaja de piña. Resulta que hay una cuadrilla de monos carablanca entreteniendo a los turistas. Algunos monos se fijan en mí y se me acercan a un metro más o menos. Me doy cuenta de que mi atractivo reside en la rodaja de piña que mordisqueo. Más que en mí, se fijan en la piña. Yo aprovecho la situación para disfrutar de las monadas a corta distancia. Pero de pronto el mono se aleja hacia donde había dejado la bolsa de plástico con nuestras cosas, incluido el resto de la piña. Allí ya están el resto de compinches y una agitada Ixone que lucha por defender nuestro almuerzo y equipos. Para cuando llego ya es demasiado tarde. El trabajo en equipo ha surtido efecto y los monos han cobrado su recompensa: 3 hermosas rodajas de piña. Con el premio sosteniéndolo en alto huyen por las ramas hasta una altura fuera de nuestros brazos pero no de nuestra mirada. Lo que sigue es un festín orgiástico donde a dos manos mordisquean y chuperretean la fruta en una exhibición impúdica de cómo comportarse en una mesa. Mi impotencia se ve ampliamente rebasada por lo gozoso del espectáculo. Se ve que les ha gustado, se chupan los dedos de las manos, de los pies y de cualquier parte del cuerpo que ha quedado manchada por el refrescante jugo. Después de esto viene el buceo, esta vez los dos juntitos y disfrutando doblemente de los corales e infinidad de peces que vemos.

Monos en Cahuita

Más tarde volvemos con algún chapuzón de camino. Comemos un pollo frito en la estación de bus para coger el bus a Puerto Viejo. Queremos verlo más a fondo, ya que el lunes estuvimos muy poco. El viaje solo merece la pena por la agradable y romántica hora que pasamos en un pantalán.

Puerto Viejo

Tumbados nos masajeamos y acariciamos bajo una incipiente puesta de sol. ¡Qué agradable! Después de varias vueltas constatamos que Cahuita es nuestro preferido. PV está demasiado turistificado, resulta un poco agresivo, y no solo por los vendedores de marihuana que cada 3 metros te asaltan. De vuelta en el Spencer´s como Ixo está cansada, salgo a comprar comida para llevar: 2 casados con pechugas de pollo a la mantequilla que nos saben riquísimos.

Las hamacas del Spencers

Esa noche nos tiramos un buen rato en las hamacas, aprovechando la última noche aquí. Esta mañana nos levantamos a las 7, hemos ido a desayunar frutas con yogur y paneque y aquí estamos pasando nuestras últimas horas en Spencer´s Seaside, muy tranquilitos. Quien sabe, igual volvemos.

 

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