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Ploumanach, Treguier, Paimpol, Brehec.

Tras el desayuno aparcamos en Ploumanach y damos un paseo por lo que parece ser la zona más típica de la Costa del Granito Rosa, más bien de color salmón.

Enormes piedras de formas surrealistas que bien pudieron inspirar a los neandertales.

Un paseo largo de casi dos horas cerca del faro entre piedra y piedra. Más tarde me compro el típico jersey de lana azul a rayas blancas que vestiré como recuerdo del viaje. Después de una paradita para ver la bahía desde Perros-Guirec paramos en Treguier. Comemos al lado de la ría, que está bajísima, por lo menos calculo que puede subir hasta 4 metros más. En un periquete hemos cocinado las pechugas de pavo y los tomates caros y siesteamos al sol un rato.

Después un café en la plaza de la catedral, visita a la misma y callejeo por las 4 calles interesantes. Próxima parada en Paimpol, puertecito muy cuidado con buen surtido de crepperies y todo tipo de tiendas floreadas. Hay un mercado medieval e Ixo se compra un tampón para hacer tatuajes de un karramarro. Unos pocos Km al sur paramos en las ruinas de la Abadía de Beauport que tiene buena pinta por fuera y que no vemos por dentro debido a los 5 € que cuesta entrar.

Bajamos por la D786 y en Lanloup compro unas sardinas para cenar. También nos acercamos al Maisor La Noe-Vert, una casa mansión de campo en la que casualmente se celebra el banquete de una boda.

Con nuestra discreción característica tratamos de no molestar y nos dedicamos a fotografiar un par de pavos reales que asoman por un murete.

Buscando un sitio para cenar y dormir llegamos a Brehec, un agradable, tranquilo y pequeño pueblo costero. Sobre el mismo hay un acantilado al borde del cual aparcamos. Cenamos oyendo música que se está tocando en el pueblo. Cuando terminamos de cenar bajamos a ver el ambiente. Una banda toca en uno de los pocos bares del pueblo frente a la playa. La marea está muy alta, casi se sale el agua a la carretera. Nos sentamos en el puerto a oir la música y ver como poco a poco va bajando la marea. Mientras tanto esos momentos se graban en la memoria. Después, de vuelta al acantilado a dormir.

 

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